La cirugía refractiva de superficie, ideal para córneas finas y deportistas, en París, con el Dr. Gozlan.
La PRK (queratectomía fotorreactiva, o PRK) es una técnica de referencia para la operación de la miopía con láser cuando el LASIK no está indicado. Al realizarse en superficie, sin tallado de flap corneal, resulta especialmente adecuada para córneas finas y para personas expuestas a traumatismos oculares. El Dr. Gozlan, cirujano oftalmólogo titular del DU de Cirugía Refractiva y Facoemulsificación (Universidad de Toulouse), le explica el principio, las indicaciones, el desarrollo, el postoperatorio, los resultados, los riesgos y el precio de esta intervención.
La PRK (queratectomía fotorreactiva) es la más antigua y una de las más seguras de las cirugías refractivas con láser. A diferencia del LASIK, no se crea ningún flap corneal: la fina capa de células superficiales de la córnea, el epitelio, se retira simplemente, y a continuación el láser excímer remodela la superficie corneal para corregir el defecto visual. El epitelio se regenera de forma natural en unos pocos días. La intervención dura aproximadamente diez minutos por ojo y se realiza de forma ambulatoria.
Al actuar directamente sobre la superficie corneal, la PRK conserva el máximo espesor de tejido: esto es lo que la convierte en la solución idónea para las córneas finas.
La PRK y el LASIK emplean el mismo láser excímer y corrigen los mismos defectos refractivos, pero la PRK actúa en la superficie de la córnea, mientras que el LASIK trabaja bajo un flap corneal. La diferencia se nota sobre todo en la recuperación: más prolongada y algo molesta los primeros días en el caso de la PRK, y muy rápida en el LASIK. A cambio, la ausencia de flap hace que la PRK sea más segura para córneas finas y para quienes practican deportes de contacto.
La PRK está indicada para pacientes que desean corregir una miopía, un astigmatismo o una hipermetropía, y cuya visión se ha mantenido estable durante al menos un año. Se recomienda especialmente en las siguientes situaciones:
En caso de graduaciones elevadas o córneas demasiado finas incluso para la PRK, el cirujano puede proponer una lente intraocular fáquica. Solo el estudio preoperatorio permite determinar la técnica más segura.
No se realiza ninguna operación sin un estudio preoperatorio exhaustivo e indoloro. Antes de una PRK, este incluye:
Como en cualquier cirugía refractiva, las lentes de contacto deben retirarse varios días o incluso varias semanas antes del estudio para no alterar las mediciones.
La PRK se realiza de forma ambulatoria, sin hospitalización, en seis etapas. El paciente permanece despierto; la intervención dura aproximadamente diez minutos por ojo.
La principal particularidad de la PRK reside en su recuperación, más progresiva que la del LASIK. Durante los 2 a 3 días que tarda en regenerarse el epitelio, es frecuente experimentar molestias, lagrimeo y una acusada sensibilidad a la luz; estos síntomas se alivian con analgésicos, colirios y la lente de contacto terapéutica. A partir de ahí, la visión va mejorando día a día:
Tras una PRK, es fundamental mantener una buena hidratación ocular, evitar la exposición solar sin protección, la piscina y frotarse los ojos durante el periodo de cicatrización.
Esta técnica ofrece unos resultados excelentes, equivalentes a largo plazo a los del LASIK. La gran mayoría de los pacientes operados de una miopía leve o moderada alcanzan una agudeza visual de 10/10 sin corrección. El resultado es estable y definitivo. Como ocurre con todas las cirugías refractivas, la intervención no corrige la presbicia, que aparece en torno a los 45 años y puede abordarse mediante un tratamiento específico.
La cirugía de superficie es una intervención segura y avalada por más de treinta años de experiencia. Los riesgos, poco frecuentes, suelen ser transitorios:
El cumplimiento de las contraindicaciones y la calidad del estudio preoperatorio reducen estos riesgos al mínimo.
La intervención no se realiza en presencia de: queratocono evolutivo, refracción inestable, embarazo o lactancia, sequedad ocular grave, determinadas enfermedades corneales o autoinmunes, ni en menores de 18 años. En algunos casos, otra solución (lente intraocular fáquica) resulta más adecuada.
Al igual que el LASIK, la corrección no está cubierta por la Seguridad Social, ya que se considera un procedimiento estético o de conveniencia. No obstante, numerosos seguros médicos privados ofrecen un paquete de «cirugía refractiva» que cubre total o parcialmente la intervención. El coste depende de la corrección y de la técnica empleada; durante la consulta preoperatoria se le entrega un presupuesto transparente, sin compromiso.
La ausencia de flap convierte a este método en la técnica de elección para los deportistas de contacto (boxeo, rugby, artes marciales) y las profesiones expuestas a traumatismos oculares (bomberos, militares, fuerzas de seguridad), donde un flap podría teóricamente desplazarse ante un impacto. Esta es una de las grandes ventajas de la técnica frente al LASIK para estos perfiles.
La intervención en sí es indolora (anestesia mediante colirio). Sin embargo, durante los 2 a 3 días en los que el epitelio se regenera, es habitual experimentar molestias, lagrimeo y sensibilidad a la luz; los analgésicos y la lente de contacto terapéutica alivian estos síntomas.
La recuperación tras la PRK es más progresiva que tras el LASIK: la visión funcional vuelve en pocos días y se va afinando a lo largo de 2 a 4 semanas. La visión definitiva puede tardar de 1 a 3 meses.
La PRK es la opción preferente cuando la córnea es demasiado fina para crear un flap, en caso de córnea irregular, o para deportistas de contacto y determinadas profesiones expuestas a traumatismos oculares, ya que no se crea ningún flap.
Sí. A largo plazo, la calidad de visión obtenida con la PRK es equivalente a la del LASIK. Solo varía la velocidad de recuperación.
Es posible, pero en ocasiones se intervienen los dos ojos con unos días de diferencia en la PRK para mantener el confort durante la cicatrización. El cirujano decide en cada caso.
El trabajo se retoma generalmente entre 3 y 7 días después de la PRK. El deporte sin contacto, pasada una semana; la piscina y los deportes de contacto, tras 2 a 3 semanas.
La PRK corrige bien las miopías bajas y moderadas. Para correcciones elevadas, el cirujano evalúa el espesor corneal disponible y propone, si es necesario, otra solución como una lente intraocular fáquica.
La PRK se realiza a partir de los 18 años, una vez que la refracción se ha mantenido estable durante al menos un año. La presbicia, que suele aparecer en torno a los 45 años, se tiene en cuenta en la estrategia.
El Dr. Gozlan, titulado en el DU de Cirugía Refractiva y Facoemulsificación, evalúa su elegibilidad para la PRK mediante un estudio completo y determina con usted la técnica más adecuada para sus ojos.
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